El pasado 29 de noviembre, SOLARTYS y los clústers del Ecosistema Secartys celebramos la segunda sesión del ciclo formativo sobre autoconsumo y comunidades energéticas. Este programa, que busca capacitar a profesionales en uno de los ejes clave de la transición energética, complementa la primera sesión realizada en octubre, centrada en los fundamentos del autoconsumo colectivo.
En esta ocasión, el foco estuvo en las comunidades energéticas como herramienta para democratizar el acceso a las energías renovables, fortalecer la resiliencia energética y fomentar la participación ciudadana. Una jornada que combinó teoría y práctica, culminando en una visita al proyecto La Balma, un modelo pionero de comunidad que combina sostenibilidad arquitectónica, energética y social.


Formación teórica: claves para entender las Comunidades Energéticas
La sesión arrancó con una ponencia a cargo de Blanca Barrios, experta en comunidades energéticas de R2M, uno de los miembros de la comunidad SOLARTYS. Su intervención proporcionó un marco claro sobre el estado del sector, sus beneficios y desafíos, abordando aspectos como la normativa actual, las estructuras organizativas y los casos de éxito en España y Europa.
El marco regulador en España y Europa
Blanca explicó que las comunidades energéticas se inscriben dentro del objetivo europeo de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Iniciativas como el Pacto Verde Europeo (2019) o el Plan REPower EU (2022) han impulsado el despliegue de proyectos descentralizados de generación y consumo de energía.
A nivel nacional, destacó los avances regulatorios que favorecen la creación de comunidades energéticas renovables (CER), como la regulación del autoconsumo colectivo y las iniciativas de subvención a proyectos locales.
Definición y actores clave
Las comunidades energéticas se definieron como estructuras cooperativas formadas por ciudadanos, pequeñas empresas y gobiernos locales que participan activamente en la generación, distribución y uso de energía renovable.
Dentro de estas comunidades, se identificaron roles fundamentales:
- Prosumidores: usuarios que producen y consumen energía.
- Gestores de red: responsables de la distribución local.
- Facilitadores: entidades que acompañan la creación de comunidades.
Beneficios de las comunidades energéticas
Además de promover la sostenibilidad, Blanca subrayó otros beneficios:
- Reducción de costes: gracias a la generación local y al consumo eficiente.
- Resiliencia energética: menor dependencia de mercados internacionales.
- Impacto social positivo: fortalecimiento de la comunidad local y lucha contra la pobreza energética.
Casos prácticos
Se presentaron ejemplos como Manresa en Transición, un proyecto cooperativo catalán que ha logrado integrar sistemas de fotovoltaica, movilidad eléctrica y eficiencia energética, inspirando la replicación de este modelo en otras regiones.






Visita a La Balma: un modelo de sostenibilidad energética, arquitectónica y social
La jornada continuó con una visita al espacio La Balma, ubicado en el barrio de Poblenou, Barcelona. Este proyecto cooperativo no solo representa un ejemplo innovador de arquitectura sostenible, sino que también integra una comunidad energética que utiliza tecnologías de fotovoltaica y geotermia.
Un proyecto impulsado por la comunidad
La Balma es el resultado del esfuerzo colectivo de un grupo de 20 unidades de convivencia que, desde 2016, han trabajado para transformar un solar cedido por el Ayuntamiento de Barcelona en un modelo de vivienda cooperativa y sostenible.
El proceso participativo, dinamizado por entidades como Sostre Cívic, permitió a los futuros habitantes participar activamente en el diseño y la gestión del proyecto. Además, se contó con el apoyo de estudios de arquitectura especializados, como LaCol y LaBoqueria, para integrar criterios de sostenibilidad y flexibilidad.
La energía como eje vertebrador
Una de las características más destacadas de La Balma es su comunidad energética, diseñada para reducir el impacto ambiental y promover la autosuficiencia. Gracias a la instalación de sistemas fotovoltaicos en las cubiertas y un sistema de climatización por geotermia, los habitantes pueden generar y gestionar su propia energía de forma eficiente.
La energía generada se destina tanto al consumo doméstico como a los espacios comunitarios, que incluyen lavanderías, salas polivalentes, habitaciones para invitados y huertos en las cubiertas. Este enfoque no solo reduce los costes, sino que fomenta un uso más consciente de los recursos.
Un proyecto con impacto social
El compromiso social de La Balma es otra de sus señas de identidad. Un ejemplo es la colaboración con la entidad Punt de Referència, que ha permitido integrar en el edificio a dos jóvenes extutelados en situación de vulnerabilidad. Este programa, financiado por el Projecte Lliures, ha sido pionero en el ámbito de la vivienda cooperativa en Cataluña.
Además, el proyecto promueve la conexión con el barrio a través de actividades abiertas a la comunidad, como talleres, reuniones vecinales y el uso compartido de un local en la planta baja del edificio.
La visita: una experiencia enriquecedora
Durante la visita, los participantes pudimos conocer el espacio de la mano de Álvaro, uno de los habitantes de La Balma, quien compartió de primera mano los retos y logros de formar parte de este innovador proyecto. La experiencia fue guiada también por Blanca Barrios, quien destacó cómo las comunidades energéticas pueden adaptarse a las necesidades específicas de cada entorno y grupo social.
Con esta segunda sesión, el ciclo formativo avanza en su objetivo de capacitar a profesionales y entidades para liderar el cambio hacia un modelo energético más colaborativo.
